Capitulo XXIX. Para labrar mi futuro estudie una especialidad. Después de aprobar un examen me destinaron a San Fernando para llevar a cabo mis estudios de especialidad, y a consecuencia de la distancia que nos separaba entre Cartagena y San Fernando me vi privado de ver a mi hermano durante unos cuantos años. Nos despedimos con abrazos y subí al tren hacia mi nuevo destino en compañía de mis compañeros de curso. Una vez que llegamos fuimos incorporados a la Escuela de Aplicación de Infantería de marina para estudiar un curso de seis meses y conseguir el ascenso a especialistas. Si la disciplina era dura en el cuartel, en la academia era mucho peor, pues teníamos que tener una buena preparación para ser los futuros Suboficiales de Infantería de Marina. A los seis meses de estudio nos examinaron. Sincerándome conmigo mismo, me queda el convencimiento de que me esforcé y de que supuso para mí un gran esfuerzo de superación. Seis meses eran pocos para una persona que no tuvo la opor...
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Capítulo XXVIII. Embarcado en el Crucero Miguel de Cervantes CRUCERO. Después de aprender a tocar la corneta seguí durante un año en el cuartel hasta que me destinaron al buque de la armada Crucero Miguel de Cervantes. Con este barco tuve la oportunidad de visitar a mis hermanas en Barcelona. En una de las visitas del presidente de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo a España, Franco le ofreció uno de sus buques de guerra (Crucero Miguel de Cervantes) para que se trasladara a Italia a una entrevista con el Papa Pio XII. Nos hicimos a la mar desde Cartagena a Barcelona, ciudad que tenía que embarcar Trujillo. Durante la estancia en Barcelona disfruté de la compañía de mis hermanas durante tres días que, por cierto, hacía tiempo que no las veía, me mostraron la ciudad y me cautivó por su grandeza y belleza. A los tres días se presentó Franco con su escolta acompañado por el general Trujillo. Después de Rendirle los honores correspondientes se despidió del general Franc...
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Capitulo XXVII. Mi alistamiento en Infantería de marina. Insatisfecho con la época y con lo que me ofrecía la vida, rebelde en muchas ocasiones e inconformista, merodeaba de aquí para allá y no veía futuro por ninguna parte. Cansado del pastoreo a cambio de casi nada y a sabiendas de que a la edad de quince años tenía la posibilidad de alistarme en Infantería de marina, empecé a tramitar la documentación con la ayuda de Las Damas Catequistas de Velez-Rubio (Almeria). Aprobada mi solicitud, ingresé con quince años de edad en el Tercio de Levante de Infantería de marina con la categoría de Educando de Banda de Cornetas y Tambores en Cartagena. Año 1953. Firmé un contrato de cuatro años con la marina que debería de cumplir con todas sus consecuencias hasta el último día. La disciplina era extremadamente rígida, aunque mucho menos que en el reformatorio en Valencia. En aquel tiempo la indisciplina de un soldado se castigaba en el acto, y los que fuimos militares en la d...
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Capitulo XXVI. Un viaje de poca cordura. En la temporada que me encontraba con mi madre en paro forzoso al no encontrar trabajo en aquella comarca de Los Vélez, me aburría tanto que empecé a darle vueltas a la cabeza y me vino la idea más absurda que se puede imaginar. En aquel entonces tenía catorce años y durante el tiempo que estuve trabajando en Lorca, había observado que mi antiguo amo poseía un viejo revólver, y me pregunté a mí mismo, José Antonio, ahora que dispones de tiempo, porque no haces un viaje a Lorca y le robas el viejo revólver a tu ex patrón. Él nunca se enterará que has sido tú y podrás tener un revolver como los que tienen los pistoleros en las películas del oeste. La idea que circulaba por mi cabeza no podía ser más absurda, pero en aquel momento de incertidumbre en mi vida fue lo único que se me ocurrió, no lo pensé más y mentí a mi madre que iba de nuevo a Lorca en busca de trabajo. Desde la distancia de los años vividos pienso en la poca cordura que había...
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Capitulo XXV. En busca de un futuro mejor. Año 1950. Al no encontrar trabajo en los Municipios de Taberno y los Vélez por mi rebeldía con los dueños de rebaños de ovejas, tome la determinación de trasladarme a la localidad de Lorca, pues según comentaba la gente era más fácil de encontrar y estaba mejor renumerado. En principio mi madre se opuso porque decía que Lorca quedaba lejos de nuestra tierra, pero no dejé de insistir hasta conseguir que cambiara de opinión. Llegó el día de mi partida y me despedí de mi madre, esta vez no realice el viaje andando al disponer de dinero para el pasaje. Subí en el autobús en Vélez-Rubio hacia Lorca con la esperanza de que la suerte me acompañara, 50 km entre ambas localidades. A siete kilómetros de la ciudad de Lorca en la Diputación de Tercia encontré mi nuevo patrón, Juan Perán Ruiz, y lo más positivo para mí, que no tuve que pastar un rebaño de ovejas. Mi nuevo patrón era un hombre mayor que vivía con su esposa, tenía un hijo casado y visi...
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Capitulo XXIV. Acusados del robo de un reloj. Continuando con el capítulo anterior, recuerdo que era sábado y día de mercado en Vélez-Rubio, cuando mi tío decidió ir de compras, mismo día que teníamos que regresar para empezar a trabajar por haberse cumplido los siete días de permiso. Así, que decidimos irnos los tres juntos por ser el mismo itinerario hasta Vélez-Rubio, mi tío empleo la burra y nosotros las bicicletas. Llegamos al pueblo y nos dirigimos directamente a la casa de Hilaria, tía de mi primo y hermana de mi tío Bernardo. Mientras almorzábamos mi tío y hermana salieron de compras y nos dejaron solos en casa. Cuando terminemos de almorzar cerremos la puerta y fuimos a dar un paseo. A nuestro regreso nuestro asombro fue grande: la tía de mi primo estaba llorando y mi tío muy enfadado. Preguntamos el porqué de los lloros y respondió gritando. Bien sabéis vosotros los motivos ladrones, o devolvéis el reloj ahora mismo, o denuncio a la Guardia Civil el robo. Según su versi...
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Capitulo XXIII. Mi primo Mariano. Mi estancia con los que empleaban a niños para pastar sus rebaños a cambio de casi nada era relativamente corta, la mayoría de veces no aguantaba con el mismo amo más de seis meses, ya que añoraba tanto a mí madre que no tardaban en surgir las desavenencias con el amo para que me despidiera, qué de llegar a producirse el despido lo agradecía a sabiendas de que era el único camino que me llevaba a ella. Mi rebeldía ante los que se servían de mi para sus intereses sin tener en cuenta mi infancia fue efectiva, ya que llego el día que nadie de la comarca quería disponer de mis servicios. Hay un dicho que dice… ¡Dios aprieta, pero no ahoga! En mi caso fue acertado al solucionar en parte mi problema mi primo Mariano. Mi primo era hijo de mi tío Bernardo pareja de mi madre, pero por desavenencias con su progenitor desapareció sin dejar rastro. No sé lo qué se puede sentir cuando un hijo es dado por muerto y después de cinco años aparece ante su padre, p...