Capitulo XXVII.
Mi alistamiento en Infantería de marina.
 
Insatisfecho con la época y con lo que me ofrecía la vida, rebelde en muchas ocasiones e inconformista, merodeaba de aquí para allá y no veía futuro por ninguna parte. Cansado del pastoreo a cambio de casi nada y a sabiendas de que a la edad de quince años tenía la posibilidad de alistarme en Infantería de marina, empecé a tramitar la documentación con la ayuda de Las Damas Catequistas de Velez-Rubio (Almeria).
Aprobada mi solicitud, ingresé con quince años de edad en el Tercio de Levante de Infantería de marina con la categoría de Educando de Banda de Cornetas y Tambores en Cartagena. Año 1953.
 
Firmé un contrato de cuatro años con la marina que debería de cumplir con todas sus consecuencias hasta el último día.
La disciplina era extremadamente rígida, aunque mucho menos que en el reformatorio en Valencia.
En aquel tiempo la indisciplina de un soldado se castigaba en el acto, y los que fuimos militares en la dictadura sabemos cómo funcionaba el ejército, por poco motivo te pegaban dos guantazos y te quedabas con ellos sin rechistar, pero lo más humillante era, que después de la agresión había que cuadrarse en posición firme y saludar al superior:
¡Manda alguna cosa más mi sargento!
Degradante verdad…
Disfrutaba dos permisos al año: treinta días en verano y quince en Navidad. Todo condicionado con la buena conducta, pues un acto de insubordinación era suficiente para perder los permisos.
De nuevo como era habitual en mi precaria vida volví a pasar hambre, excepto cuando mi madre me podía mandar un paquete de comida en aquellos tiempos de miseria.


Antiguo cuartel de Infanteria de marina Tercio de Levante. Cartagena.
 


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