SEGUNDA PARTE DE LA AUTOBIOGRAFIA ATRAPADO TRAS EL MURO.

Capitulo XVII.
De vuelta a nuestra tierra de origen (Almeria) 1948
 
Después de malvivir más de cuatro años en la más completa miseria en Valencia, mi madre consiguió con sacrificio ahorrar un poco de dinero para regresar a nuestra tierra de origen, el problema residía en que solo había presupuesto para pagar dos pasajes, pero a pesar de aquellos inconvenientes, que no eran pocos, se propuso afrontar el riesgo para regresar a nuestra tierra, mi hermana Rosa y yo viajamos de polizones bajo los asientos del tren, mientras que mi hermana Isabel y mi madre pagaron sus pasajes.
Como no disponíamos de equipaje para llevar viajamos solo con la ropa que llevábamos puesta.
La más perjudicada de nuestro regreso a Taberno fue mi hermana Mª Dolores, que por falta de dinero tuvo que quedar en Valencia trabajando de empleada de hogar con una familia que no le importó explotar a una niña a cambio de casi nada, por lo tanto, quedó en desamparo e incomunicada de la familia durante unos cuantos años. Después de muchas horas encajonados bajo los asientos de aquel tren lento de la época, nos apeamos en la localidad almeriense de Huércal-Overa y creímos que habíamos perdido la facultad de andar.
El viaje hasta la casa de mi abuela materna a Santopetar lo tuvimos que realizar andando al no avisar a la familia del regreso, pero lo que menos esperábamos era encontrar la casa vacía en un estado de semi-abandono.
Preguntamos a unos vecinos por mi abuela y nos dijeron que hacía algún tiempo que mi tío José Antonio se había llevado a su madre y a mi hermano a vivir a su casa en Los Llanos de Taberno, ya que estaba impedida para cuidar de mi hermano por su avanzada edad.
Enterado mi tío de nuestro regreso nos trajo algunos alimentos para merendar, como jamón, pan, higos y almendras.
Con el apetito que teníamos al no haber injerido nada durante el viaje por falta de dinero, no quedo nada de lo que había traído, en lo que respecta a mí, tengo que decir que todo me supo a gloria, pues de oídas sabía que existía el jamón, pero nunca lo había probado.
Aparte de aquel detalle mi tío nunca se preocupó de nosotros.
Posteriormente nos invitó a su casa para que viéramos a mi abuela y hermano. Después de varios años de ausencia vi a mi abuela muy diferente de como yo la recordaba, anciana y deteriorada por el paso de los años y sufrimiento.
Mi primera impresión fue que no coordinaba. No obstante, nos reconoció y nos abrazó llorando al mismo tiempo que pedía la llave de su casa para que fuéramos con ella. En realidad, no era consciente del tiempo que llevaba viviendo con su hijo y creía que estaba de visita. Mi tío trató de salir del problema con mentiras piadosas quitándole aquella idea de la cabeza, pero mi abuela seguía insistiendo y no había forma de acallar su llanto.
En cuanto a mi hermano, no nos reconocía, era demasiado pequeño cuando lo dejamos con la abuela materna para trasladarnos a Valencia, para el éramos como si fuéramos unos extraños.
 
  

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