Capitulo V.
Internado en un Reformatorio en San Francisco Javier. Año1945

Después de los críticos avatares relatados en el capítulo anterior, mi madre pidió ayuda en la casa de socorro y vinieron dos policías a por nosotros; nos dijeron que nos iban a internar en un colegio para que aprendiéramos a leer y escribir, pero antes de entrar al colegio tendríamos que ducharnos en unas duchas municipales para que fuéramos aseados.
Al llegar a las duchas vino un funcionario y me cogió de la mano para llevarme a la ducha. Llorando y con mucha resistencia me opuse a separarme de mi madre y hermanas, pero mi lucha fue vana. Al final gano la partida a un niño de ocho años, aquel malnacido, además de asearme me sometió a tocamientos deshonestos en mis genitales incluyendo una felación.
No hace falta comentar al lector lo que llegué a sufrir a mí corta edad al no comprender lo que me estaba pasando con aquel degustador de niños.
En un descuido por su parte conseguí escapar de sus garras y salir corriendo sin un rumbo determinado por uno de aquellos pasillos. De casualidad llegué a las duchas destinadas a las mujeres, y lo que vieron mis ojos en mi corta edad fue muy desagradable, todas las mujeres incluida mi madre estaban desnudas. Al verme empezaron a vociferar en voz alta al mismo tiempo que se cubrían con las manos sus partes íntimas. Cuidado con el niño... ¿Qué hace ese niño aquí?
Al verme llorar mi madre intentó dirigirse a mí para consolar mi llanto, pero la funcionaria se adelantó para entregarme de nuevo al pederasta.
Afortunadamente esta vez no tuve nada que temer de aquel pederasta.
A partir de aquel episodio perdí el contacto con mi madre, y durante un periodo de tiempo que se hizo eterno dejé de verla.
Una vez aseados vinieron de nuevo los dos policías que anteriormente nos habían acompañado para internarnos en el supuesto colegio.
Todo fue un vil engaño, de colegio no tenía nada, era un reformatorio que para suavizar el nombre llamaban (El Albergue) donde internaban a los niños que consideraban delincuentes por robar para sobrevivir, o mendigar en la calle en aquellos años de hambruna.
Al complejo de San Francisco Javier lo rodeaba una gran muralla pintada de blanco, en su interior coexistían varios edificios,como Orfanato/Colegio, y Albergue/Reformatorio para niños problemáticos, más una Iglesia para asistir a misa los domingos y días festivos.
A los niños los tenían separados por sexos en diferentes edificios y solo se veían a distancia en la Iglesia cuando asistían a misa, al menos en la época de mi internado, año 1945
En la puerta principal había un letrero que decía.
 
JUNTA PROVINCIAL DE PROTECCIÓN DE MENORES CAMPANAR.
 
Poco después de mi internado me enteré que los niños del orfanato, o colegio, estaban atendidos por monjas de la caridad de Santa Ana, mientras que los del albergue eran celadores que trataban a los niños con crueldad.




 

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