Capitulo XVI.
Los maquis.

Aunque había dejado de asistir al colegio, no se me había olvidado lo poco que aprendí en el reformatorio, y uno de mis pasatiempos era leer la propaganda de la dictadura de Franco cuando deambulaba por las calles de Valencia, pero la que más abundaba era la que decía, Franco sí. Comunismo no.
Una de aquellas noches que estábamos solos en la chabola por encontrarse mi madre y la superiora en su trabajo rutinario de supervivencia, interrumpió nuestro sueño un gran estruendo de ráfagas de armas de fuego. Asustados, salimos a la calle a ver lo qué pasaba. Nuestro asombro fue grande al ver como unos hombres huían a toda prisa de guardias civiles, estos corrían detrás de ellos disparando con sus armas de fuego. Un guardia que se percató de nuestra presencia ordenó que entráramos en casa de inmediato y que no saliéramos hasta que avisara. Aquella noche no pudimos dormir por el miedo y el ruido que producían las armas de fuego.
Al día siguiente me acerqué al lugar de los hechos junto con otros curiosos. El cuadro que vi fue desagradable, tumbados en el suelo y cubiertos con mantas había varios cadáveres, la tierra estaba roja por la sangre, al poco rato los cargaron en un camión y se los llevaron.
Vi como la guardia civil prendía fuego en la entrada de algunas de las cuevas que hacían los trabajadores de la construcción en el río para extraer arena, es de suponer que lo hacían para forzar la salida de los maquis que se negaban a rendirse.
Según comentaba la gente, los maquis (Resistencia a la dictadura) se habían refugiado en las cuevas para asaltar la cárcel y liberar a los que estaban presos.
No dejaron que nos acercáramos demasiado, pero, aunque solo era un niño pude ver lo suficiente para describir aquel cuadro horrible.
Han tenido que pasar más de setenta años para enterarme, que en el enfrentamiento que presencié en el puente de Campanar murió Chingalito cabecilla importante de aquella organización guerrillera contra la dictadura del general Franco.
La superiora tenía un hermano preso en la cárcel San Miguel de los Reyes. Según la superiora su hermano combatió en el bando contrario a Franco.
Algunas veces pedía a mi madre que le acompañara a la cárcel para llevar algo de comer a su hermano cuando tenía visita. En una de las visitas le comunicaron que no volviera más que había fallecido. La pobre mujer se fue llorando y diciendo que lo habían matado. Nunca más lo volvió a ver.
 


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