Capitulo XXXII.
Al fin un trabajo digno.
Aunque el trabajo en la
empresa de baldosas también era duro, me agradaba más que el anterior en la
construcción, pero aspiraba a uno mejor, y en aquella época la mejor empresa en
Cerdanyola del Vallés era Aiscondel, por lo que no desistí hasta conseguir el
objetivo que me propuse.
En Aiscondel transcurrió
toda mi vida laboral hasta mi jubilación. 1962/2000.
Llevaba unos meses
trabajando en la empresa cuando mi esposa me dio la buena noticia de que iba a
ser papa. Aquella noticia me hizo muy feliz, pero también sentí preocupación a
sabiendas de que la habitación donde vivíamos no reunía las mínimas condiciones
de habitabilidad para recibir a nuestro bebé.
En principio Aiscondel
estaba situada en Barcelona capital, pero a falta de espacio para ampliar la
trasladaron a Cerdanyola del Vallés. Para eximirse de pagar el transporte a los
trabajadores que vivían en Barcelona les construyeron viviendas en alquiler en
Cerdanyola, pero la empresa llevo a cabo aquella maniobra sin contar para nada
con los trabajadores, gran error por parte de la empresa, ya que cuando fueron
a entregarles las llaves una mayoría se negó a dejar su domicilio habitual, por
lo que la directiva empresarial tuvo que adjudicarlas a los empleados más
necesitados, y aunque era mucha la demanda fue mi día de suerte y me
concedieron una.
El piso tenía 65m², comedor,
cocina, baño y tres dormitorios, el alquiler trescientas pesetas mensuales agua
incluida, para nosotros fue como vivir en un palacio y ver nuestros sueños
cumplidos, pues obviamente que nunca tuvimos una vivienda digna para vivir como
personas, y en aquel momento solo pensábamos en que nuestro bebe tuviera un
hogar digno cuando naciera.
Faltaba un mes para el
nacimiento cuando nos entregaron la llave del piso, y de mutuo acuerdo con mi
esposa acordemos cambiarnos el domingo siguiente por ser mi día de fiesta, pero
el destino se anticipó a nuestros deseos.
Un veinticinco de septiembre
que trabajaba en el turno de noche empecé mi jornada a las diecinueve horas, ya
que al trabajar a dos turnos hacíamos las doce horas seguidas. Sobre las
veintidós horas se originó una gran tormenta con unos truenos y relámpagos que
daban pánico.
En seguidas quedamos a
oscuras por el corte del fluido eléctrico, pero los relámpagos eran tan
continuos que casi no hacía falta la luz eléctrica para alumbrarnos.
La tormenta arreciaba hasta
el extremo de tener que refugiarnos en lo más alto de la fábrica por el
desbordamiento de un pequeño rio, no obstante, mi preocupación estaba más en mi
esposa que en la fábrica, pues el mismo rio que nos estaba inundando pasaba
también por donde vivíamos.
Alarmado, intenté abandonar
la fábrica con otros compañeros, pero ante una gran avalancha de agua
desistimos, ya que de lo contrario posiblemente nos habríamos ahogado.
La lluvia no cesó hasta el
amanecer, momento que aproveche para abandonar la empresa y dirigirme al lugar
donde vivíamos. Al llegar quedé aterrorizado, en el lugar que antes estaba la
casa solo había lodo.
Desastre de la gran riada en Cerdanyola y Ripollet (Barcelona) Año 1962.



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