Capitulo XXXI.
A Barcelona en busca de un futuro mejor. Año 1960.

Sin apenas equipaje para llevar subimos al tren en Cartagena con dirección hacia Barcelona. Una vez que llegamos nos apeamos del tren sin pérdida de tiempo para dirigimos a Rubí, localidad donde residía mi hermana Isabel.
Nos recibieron con besos y abrazos y dispuestos para ayudarnos dentro de sus posibilidades, al día siguiente mi cuñado Juan me buscó trabajo en la construcción. Y de mutuo acuerdo los dos decidieron que nos quedáramos a vivir con ellos hasta que encontráramos una vivienda, desde luego muy apretujados ya que la casa era más bien pequeña.
Desde la actualidad pienso en el esfuerzo que tuvieron que hacer para acomodarnos los dos matrimonios. Sin duda que siempre estaré en deuda con ellos.
No obstante, pensé que teníamos que buscar cuanto antes vivienda, mi hermana y cuñado habían hecho por nosotros todo lo que habían podido. Seriamos nosotros mismos los que solucionáramos nuestros propios problemas.
Finalmente, por mediación de unos tíos de mi esposa que vivían en Ripollet. encontremos una habitación con derecho al servicio de cocina.
Igualmente hubo suerte y encontré trabajo en la construcción, por lo que acordamos trasladarnos a dicha localidad.
Del matrimonio que nos realquiló la habitación, no puedo contar nada bueno. Mientras ellos pagaban de alquiler por la casa quinientas pesetas, a nosotros nos hacían pagar trescientas por una pequeña habitación, pero el problema no terminaba aquí, aquella señora abusaba de la buena fe de mi esposa haciéndola trabajar para ella como si fuera su criada. También nos sustraía una parte de los alimentos que comprábamos, llegando al extremo de robarnos la cartera con el dinero que había cobrado, único disponible para alimentarnos aquella semana.
Ni siquiera tuvo la ética de devolverme el DNI, causándome graves problemas para solicitarlo de nuevo al no acordarme del número que tenía el anterior, según la policía no constaba en los archivos que tuviera un documento nacional de identidad.
Me recomendaron que lo solicitara como si fuera la primera vez y asunto solucionado.
Nuestra intimidad en la habitación era nula. Aquella mujer no tenía ética ni educación, llegando al extremo de llevarse algunos artículos en nuestro nombre en la tienda para que los pagáramos nosotros.
Quien llevaba la peor parte era mi esposa, que al no trabajar fuera de casa quedaba todo el día en su compañía, o mejor dicho de criada de la señora, mi situación era muy diferente al librarme casi todos los días de su desagradable compañía por razones de trabajo.
Si la convivencia con aquella señora era mala, en el trabajo no era mejor, ya que tenía que trabajar de sol a sol para cobrar la miserable cantidad de quinientas pesetas semanales y atender a dos albañiles al mismo tiempo.
Aquello para mí era casi imposible al ser todo manual y no disponer de las herramientas adecuadas.
También carecía de protección de la Seguridad Social, y el problema se agravaba más cuando llovía, si el trabajo era a la intemperie me mandaban a casa sin cobrar ese día de lluvia.
Al poco tiempo mi esposa sufrió un aborto, con el agravante de que aquella semana no pude trabajar por la lluvia. Busquemos un médico sin saber con qué dinero íbamos a pagar, pero ante la gravedad de mi esposa no había otra opción. El dinero lo buscaríamos con la esperanza de que alguien lo prestara. No obstante, el doctor se portó muy bien con nosotros, y sin saber si iba a cobrar no dejó ni un solo día de visitar a mi esposa.
El tiempo no remitía y llovía casi todos los días, desesperado ante la grave situación al no tener para sobrevivir me dedique todos los días a buscar trabajo, mi máxima prioridad era encontrar un empleo, qué, aunque lloviera no dejara de cobrar el dinero que tanta falta nos hacía y la protección médica en caso de enfermedad.
Después de recibir el no en varias empresas pasé de casualidad por una calle que había una fábrica de baldosas.
Entré para pedir trabajo y me atendió el mismo dueño. Después de comentarle mi caótica situación por falta de trabajo me preguntó:
¿Cuándo te interesa incorporarte?
Casi no le di tiempo de que terminara la frase:
Mañana mismo…
Pero para mí satisfacción me dijo que, si podía empezar aquella misma tarde a las dos, rápidamente contesté, aquí estaré puntual.
Las condiciones laborales fueron, quinientas pesetas cada semana y seis pesetas cada hora extra. Aunque lo más importante fue, que a partir de aquel día siempre tuve protección de la Seguridad Social. Satisfecho y muy alegre me fui a casa a darle la buena noticia a mi esposa.
Con mi trabajo en Navinés, que así se llamaba la empresa, nuestra economía mejoró notablemente, el salario nos llegaba para pasar la semana y evitábamos tener que apuntar la compra en la tienda.
Como la convivencia con la dueña de la casa se hacía cada vez más difícil por su comportamiento con mi esposa empezamos a buscar otra vivienda.
En aquel tiempo buscar una vivienda era como buscar una aguja en un pajar por la afluencia de personas de otras regiones a Cataluña en busca de trabajo, y lo único que encontré fue una pequeña habitación que no reunía las condiciones de habitabilidad. Supongo que media unos 14m², y en este escaso espacio se distribuía, dormitorio, cocina y comedor. En cuanto al aseo, era comunitario y había que compartirlo entre varios vecinos.
A pesar de aquellos inconvenientes para nosotros fue una gran mejora, al menos teníamos intimidad y no nos robaba nadie.
 
 
 
 

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