EL TIEMPO HASTA HOY


No puedo dejar de comentar que a pesar de las adversidades que me deparo la vida, en algunos aspectos fui favorecido al conocer a la mujer que compartió conmigo casi toda su vida. Los dos unimos nuestras vidas en los primeros años de nuestra juventud, y nos preparemos para afrontar lo que la vida tiene de bueno o de malo. En nuestro caso las penas ganaron la partida. Pero con la fuerza de nuestro amor logramos superar las adversidades dándonos fuerzas el uno al otro para seguir en nuestra lucha y no rendirnos ante el fracaso y la desesperación.
Nuestros años de juventud han pasado y hemos ido envejeciendo al mismo tiempo que criábamos a nuestros hijos, y de los años vividos nos queda el convencimiento, que el envejecimiento es como escalar una montaña, mientras vamos subiendo nuestras fuerzas disminuyen, pero al mismo tiempo nuestra mirada abarca más horizonte y es más libre y serena.
Mi razón de vida es mi esposa y lo seguirá siendo hasta el resto de mis días, pues ella fue la que me dio la fortaleza y el apoyo necesario para no rendirme y seguir adelante.
Por eso me reafirmo una vez más que fue mi día de suerte cuando la conocí, como madre y como esposa para nosotros la mejor.
Como ama de casa tiempo le sobra para que prevalezca el orden y la más perfecta armonía, y mi pregunta es… pero de dónde saca esta mujer el tiempo después de atender a tanta familia…
Por todo ello y por ser la mujer que amo le dedico estas memorias.
José Antonio Sánchez.
 
SOMOS UNA GRAN FAMILIA UNIDA.
José Antonio, Francisca, Isabel, Juanjo, Alex, Raquel, Noel.
 
LOS QUE SE FUERON Y SIGUEN VIVIENDO EN NOSOTROS MISMOS.

Domingo, Paquita, y Jorge.
 
¡POR ÚLTIMO QUIERO CERRAR ESTAS MEMORIAS CON UN POEMA PÓSTUMO QUE MI SOBRINA VIRGINIA JUNCO COMPUSO PARA MI MADRE EN SU VELATORIO!
 
Aquella triste mañana mi madre no despertó, la perdimos para siempre y nos rompió el corazón.
Tras recibir la noticia no tardamos en llegar, rotos por el dolor y derrotados por la indefensión.
Las palabras del doctor derramaron nuestras lagrimas se moría nuestra madre y no se podía hacer nada.
Ante la trágica noticia que perdíamos a nuestra madre nos envolvió la oscuridad y nuestra impotencia fue grande.
Abandonó este mundo sin poder decirnos nada, pero en la expresión de sus ojos aún se podía ver el amor que derrochaba.
Temerosos por nuestra flaqueza y ante aquella cuchillada por la vida en la que vivió y sin poder hacer nada.
Con su fortaleza y en vida, a todos nos protegió, pero en un momento fatídico para ella todo acabó.
Ya nunca sería igual y empezamos a sufrir dudando si en el coma profundo, aún nos podría oír.
Si pensaría en nosotros, si nos vería, y lo más terrible para todos... sí sufriría.
Y aquella llama de vida que tanto nos protegió, a pesar de nuestro llanto, pronto se languideció.
En aquel lapso de tiempo y abstracto para nosotros nos envolvió la oscuridad y un vacío tenebroso.
La capacidad en el mutismo y la esencia de la nada en aquellos escasos minutos se apoderaron de nuestras almas.
Y pensamos que aquel tiempo fue injusto con nosotros ¡Qué menos que una despedida! ¿qué menos que unas palabras?
No pudo ser así, el tiempo nos traicionó, se detuvo para ella y nos destrozó el corazón.
Unidos como una piña, sus cinco hijos velamos los resquicios de su cuerpo y quedamos aletargados.
No dejamos de mirarla y la cubrimos de besos anegando aquella sala de lágrimas y de lamentos.
En aquel lecho de muerte el sufrimiento era grande, intentamos transmitirle que nunca hubo culpables.
Que para sus hijos fue todo, que siempre fue nuestro apoyo y con ella se llevaba una parte de nosotros.
Aquel templo para nosotros era solemne y frío, y el ataúd de mi madre nos causaba escalofríos.
Y con ella se fueron todos los sufrimientos que le acompañaron en vida.
Sus secretos, sus temores, su orgullo y sus pasiones, sus desengaños: ¡Cuántos desengaños y lucha sufrida!; y lo de cada hijo con sus tragedias y desdichas…
Fin
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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