Capitulo XL.
Una brutal agresión.

Uno de aquellos días que me encontraba trabajando en la empresa recibí una llamada telefónica de mi esposa para comunicarme, que había surgido un imprevisto y que teníamos que desplazarnos urgente a Barcelona. Cuando llegué a casa me enteré que habían llamado de una clínica de Sabadell para operar a nuestra hija.
Cogimos el coche precipitadamente y nos llevemos con nosotros a dos de nuestros hijos, Alex y Raquel, ya que eran todavía muy pequeños para dejarlos solos en casa.
Cuando llegamos a la clínica ya habían operado a Paquita.
Desde este capítulo de mis memorias os mando mi gratitud hasta el cielo por no dejar sola a mi hija en aquella crítica situación.
Queridas hermanas Mª Dolores y Rosa D.E.P.
Después de hablar con el médico nos enteramos de que tuvieron que extirparle el bazo debido a una brutal agresión que sufrió por parte de su esposo. Aquella noche mi esposa quedó en la clínica con nuestra hija, mientras que yo lleve a los niños en mi coche a casa de mi hija Isabel. Y al mismo tiempo que conducía me esforzaba en contener mi llanto para que los pequeños no me vieran llorar, pero no lo conseguía, Alex se daba cuenta de la situación y preguntaba:
Papá por qué lloras…
Llegamos a la casa de Isabel y todavía seguía llorando, le conté lo sucedido a su hermana y trató de consolarme, pero la pena me ahogaba y no podía controlar mi llanto.
Al día siguiente fui a ver a Paquita, la encontré un poco mejor y pudo contar el porqué de la agresión. Por disputa en el reparto de la droga su esposo le propinó una tremenda paliza delante de los niños y huyo dejándola abandonada a su suerte.
Gracias a la intervención de los vecinos que avisaron a la policía no murió desangrada.
Cuando estuvo un poco más recuperada la dejamos en la clínica y nos trajimos a mis nietos a Monzón.
A la semana siguiente fuimos a verla al hospital y dijeron que le habían dado el alta. Cuando dimos con ella nos comunicó que le había dicho el médico que deseaba hablar con sus padres, nos dirigimos de inmediato al hospital y la noticia que nos dieron nos dejó un sabor muy amargo.
A partir de aquel momento la tristeza nos invadió el corazón.
Nuestra hija tenía los anticuerpos del VIH
Siempre tuve una fe ciega de sacarla del mundo putrefacto que por voluntad propia se había metido para que viviera una vida normal en compañía de sus hijos, pero ante aquella fatídica noticia mi fe se vino abajo y fui consciente que el final de su vida estaba cerca, no obstante, a pesar de la tristeza intentaba disimular sonriendo para que no se diera cuenta.
Regrese a Monzón con mi hija, y aunque la vivienda era pequeña instalamos literas para acomodarnos toda la familia.
A Isabel le empezaron a ir las cosas mal en el supermercado, hasta el extremo de quedar sin trabajo, y se agravó más por la crisis que había en España en los años ochenta, pues en Barcelona no había forma de encontrar empleo.
Siendo conscientes de su delicada situación los trajimos a casa con la esperanza de que tuvieran más suerte. En Monzón tenían la posibilidad de trabajar, aunque fuera recolectando fruta.
Lo negativo era convivir tanta familia en un piso tan pequeño.
Para paliar este inconveniente buscamos una pequeña casa a Paquita pagando nosotros el alquiler y los gastos que conlleva la habitabilidad de una vivienda al no disponer de recursos.
Mi hija Isabel y su esposo Alfredo, después de encontrar trabajo y vivir una temporada en mi casa alquilaron un pequeño piso, en el que nació una niña a la que pusieron de nombre Sara. Después vino Alan y más tarde Joel.
Un año más tarde Paquita conoció a un chico y se fue a vivir con ella a la casa que le habíamos alquilado, y durante un corto periodo de tiempo me libere de los gastos de alquiler, pero como casi siempre suele ocurrir en el mundo de las drogas surgen las desavenencias y detrás viene la ruptura.
Todo volvió a la situación anterior y empecé a pagar de nuevo los gastos que conlleva una casa.
Paquita iba de mal a peor y llegó el día que su situación se hacía insostenible para nosotros.
Ante el desamparo de nuestros nietos solicitemos la tutela a la Diputación General de Aragón para traerlos a casa. Después de un estudio exhaustivo, nos concedieron la tutela de Israel y Tamara.
Pero estaba escrito por el destino que aún tendría que aumentar más mi familia.
El día 28 de septiembre del año 1988 en el hospital de Barbastro nació Noel.
Ante aquel acontecimiento de alegría para la familia, no logré olvidar las palabras que dijo Paquita cuando fue a ver a su madre a la clínica.
Este niño será el que me sustituirá a mi…
Noel durante su infancia fue el capricho de padres y hermanos, es obvio que le dimos demasiados mimos y que en el transcurrir del tiempo se verán los resultados, de momento es excesivamente nervioso y a veces tiene mal carácter. Esperemos que según valla creciendo siente la cabeza.
 

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