Capítulo XXXIX.
Nuestro traslado a Monzón.

En el año 1984 en la empresa Aiscondel de Cerdanyola sobraba personal, sin embargo, en la de Monzón faltaban operarios, para equilibrar la balanza en ambas factorías, la dirección de la empresa propuso, que los operarios de Cerdanyola que desearan cambiar su puesto de trabajo a Monzón, serian indemnizados y cobrarían el mismo salario sin perder la antigüedad.
Por mi parte, pensé que era una buena oportunidad para conseguir un dinero extra que falta nos hacía, como la vivienda donde vivíamos era de alquiler, con entregar la llave todo arreglado.
Le comunique a mi esposa la propuesta y quedamos de acuerdo por tener la opción de volver si no me agradaba el cambio.
Me trasladé a Monzón y durante un año entero estuve viviendo en una pensión alejado de los míos, con las dietas que cobraba por prestar mis servicios en otra provincia, me bastaba para pagar la pensión y los viajes que realizaba cada fin de semana para ver a la familia.
Lo negativo del cambio fue que durante un año viví separado de mis seres queridos.
Acostumbrado a estar siempre con mi esposa e hijos, el tiempo se me hacía muy largo.
No obstante, los fines de semana que disfrutaba de dos días de fiesta me desplazaba a Barcelona para estar con ellos.
Recuerdo contar días, horas, y minutos que faltaban para poder abrazarlos.
Aparte de estos inconvenientes me agradaba el cambio, Monzón es una ciudad acogedora con las personas que vienen de otras regiones hermanas.
Con la particularidad de que siendo una ciudad mediana dispone de todos los servicios para no desplazarse a otras localidades si no se desea.
Como la última decisión no dependía solo de mí, pedí a mi esposa que viniera para que viera la ciudad.
Su primera impresión fue positiva, pues lo primero que vio fue la Avenida de Lérida que es hermosa y recuerdo que sus primeras palabras fueron ¡¡¡Me encanta Monzón!!!
Con el dinero que percibí de la indemnización compramos un piso de segunda mano, después de restaurarlo un poco carguemos los muebles en un camión y venimos a vivir definitivamente a esta bella y acogedora ciudad de Monzón.
Con aquel cambio la más perjudicada fue mi hija Isabel al quedar su novio en Cerdanyola.
En principio todos nos adaptemos al cambio exceptuando a Isabel.
Finalmente, su novio le buscó trabajo y regreso a Barcelona. Como era mayor de edad no puse objeción a su decisión, pues uno de mis valores es que cada cual tiene derecho a decidir lo que quiere hacer con su vida siempre que no perjudique a los demás.
En cuanto a Paquita como es normal se quedó en Cerdanyola con su esposo e hijo, pero la relación como pareja era nula.
Después de un corto periodo de tiempo Isabel empezó a vivir en pareja con Alfredo. Arrendaron un supermercado en Santa Perpetua de la Moguda y empezaron vida nueva. Por nuestra parte viajábamos a Barcelona siempre que el tiempo nos lo permitía para visitarlos.
En un viaje que realicemos nos enteremos que Paquita estaba embarazada, pensé que en la situación que se encontraban los dos, no era el mejor momento para traer otro niño al mundo, pero nada podíamos hacer al respecto, dejar al destino que decidiera por todos.
Antes de salir de cuentas, su esposo se eximió de responsabilidad de padre y envió a mi hija a Monzón para que diera a luz en mi casa.
A pocos días de estar en mi casa alumbro una niña con poco peso y el síndrome de abstinencia.
La registramos en el Registro Civil de Barbastro con el nombre de Tamara.
A los veinte días del alumbramiento vino Jesús María a verlos, no obstante, y a pesar de su irresponsabilidad lo recibimos en casa como si fuera un hijo más, pero en pago al buen recibimiento nos hizo una mala jugada.
Recién habían terminado de comer cuando dijo que salía a la calle a comprar tabaco, pero el tiempo pasaba y Jesús María no regresaba.
Todos estaban preocupados temiendo que le hubiera sucedido algo grave, y en el mismo momento que decidían de ir a buscarlo lo trajo un policía drogado.
En aquel estado tan degradante empezó a insultar a la familia.
Ante su anormal comportamiento mi esposa cogió una bolsa con su ropa y se la entregó invitándole para que abandonara la casa.
A todo esto, me alegré de encontrarme ausente en el puesto de trabajo, pues por el amor de padre que siempre tuve a mi hija, sé que no habría podido contenerme y sabe Dios lo que habría pasado.
Por supuesto que apoyé a mi esposa, esta persona irrespetuosa e irresponsable merecía el mayor desprecio, pero aún fue a más y siguió escupiendo veneno en su mujer e hijos.
Aquella noche pernoctó en una pensión y al día siguiente regresaron con sus hijos a Cerdanyola.
Fueron pasando meses y nuestras vidas siempre estaban en tensión, esperando que en cualquier momento sucediera lo peor.












 




Bella panoramica de Monzó (Huesca) 



Castillo Templario de Monzon, mil años de historia.

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