Capítulo XXXV.
El accidente de Ramón 1974.
En aquellos años vinieron a
vivir con nosotros mis cuñados Adelina y Ramón hermanos de mi esposa en busca
de un trabajo, pues ante la imposibilidad de encontrar en Almería, en Barcelona
tuvieron más suerte y encontraron lo que buscaban los dos, y aunque el piso era
pequeño instalemos literas y logremos un hueco para ellos. A Ramón y Adelina
siempre los quise como hermanos por sus valores y comportamiento conmigo.
Uno de los días que
trabajaba en la empresa en el turno de noche, al llegar los compañeros de
relevo nos comentaron que habían presenciado un accidente de tráfico, y que
había que lamentar cuatro muertes de uno de los vehículos que colisionaron. Al
llegar a mi domicilio y antes de ir a dormir se lo comenté a mi esposa
ignorando que uno de los fallecidos era mi propio cuñado.
A las once de la mañana se
presentó en casa un policía a traernos la trágica noticia que tanto nos afectó,
avisemos a mi suegra y cuñados que vivían en Francia y en Andorra.
No tardaron en hacer acto de
presencia, pero el trago más amargo lo llevé yo cuando tuve que desplazarme al
depósito de cadáveres en el cementerio de Cerdanyola para reconocerlo.
El cuadro que vi no podía
ser más horroroso y desagradable.
Los cuatro estaban
carbonizados con las manos sobrepuestas sobre sus caras, como si hubieran
pretendido protegerlas del horror que se les venía encima.
Sus caras eran
irreconocibles, finalmente recordé que dos años atrás mi cuñado sufrió un
accidente de moto y le dejó una cicatriz en la cabeza, se lo indiqué al forense
por si le podía ser de utilidad para la identificación. Recuerdo que se puso
unos guantes y fue palpando las cabezas de los cuatro jóvenes, cuando llegó a
mi cuñado dijo en voz alta “Este es Ramón”. Lo cierto es que quedé muy afectado
y nunca logre olvidar aquel trance, pues he de comentar al lector que soy una
persona sensible y hubiera preferido no tener que pasar por aquella prueba de
reconocimiento.
Ramón era una persona
especial y nunca tuvo nada suyo, porque lo poco que tenía era de todos. Lamento
de veras que una persona como él, nos dejara cuando empezaba a vivir con apenas
veintiún años. Pienso que intuía que su vida no iba a ser larga, siempre
insistía que su fin estaba cerca, incluso unos meses antes de morir se hizo un
seguro de decesos. Como si pretendiera no molestar a nadie de la familia con
los gastos de su entierro.
La última vez que le vi vivo
estuvo ayudándome a adornar el árbol de Navidad. Él se fue, pero no sin dejar
comprados los juguetes de reyes para sus sobrinas. Los pocos años que vivió
estuvo al servicio de los demás y pasó por esta vida sin encontrar la felicidad.
¡¡¡Desde mi libro de
memorias le rindo un homenaje póstumo para decirle que no le olvidamos, que le
amamos, y que sigue viviendo en nosotros mismos!!!D.E.P!!!
Después de la trágica muerte
de Ramón pasamos unos cuantos años de tranquilidad y de bienestar al lado de
nuestros queridos hijos y mi cuñada Adelina. Pero Adelina en un viaje que
realizó al Principado de Andorra para visitar a su madre conoció al amor de su
vida y se quedó a vivir en dicha localidad, fruto de su matrimonio tiene dos
hijas.
La cigüeña volvió a
visitarnos de nuevo el trece de junio del año mil novecientos setenta y siete.
En aquella ocasión nos dejó un niño precioso y le pusimos de nombre Alejandro,
Alex, para la familia y amigos.
Fueron pasando los años y en
mi casa reinaba la felicidad y la más perfecta armonía, ya que tuve la suerte
de casarme con una mujer de valores y amante de las buenas costumbres ¡¡¡
Francisca!!! ¡¡¡El amor de mi vida!!!Con ella compartí penas y alegrías siendo
para mí un modelo de mujer, y de poder retroceder en el tiempo para empezar una
nueva vida, no cabe duda que sería de nuevo mi elegida.
Veintitrés meses después de
nacer Alejandro, el día nueve de mayo del año 1979 nace Raquel en una clínica
en Sabadell.
En la actualidad, Raquel es
una persona sentimental y amante de la familia, y aunque de vez en cuando
discute con sus hermanos, como dice el refrán, la sangre no llega al río, ya
que a los cinco minutos se le ha pasado el enfado y está en armonía como si no
hubiera pasado nada. Además, es generosa y lo que ella tiene es de todos.
Claro, que de seguir así difícil lo tiene para ahorrar un €uro.

En cada año de Reyes no faltaban los juguetes para mis hijos.
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